viernes, 28 de marzo de 2014

Escrito: Agosto 2013
 
Hoy soñé con tu cara. Soñé con tus ojos, con tus pupilas dilatadas como cuando me mirabas. No siento que te extrañe, solo extraño tu buen trato. Tus atenciones, aquellas que me ilusionaron y me hicieron sentir tan bien… Recuerdo que cuando empezamos nuestra relación, yo decía: “que suerte tengo, es bonito, bueno y muy inteligente. Y está enamorado de mí…”  Recuerdo tus detalles, tus globos colgando del techo de mi cuarto en un aniversario cualquiera. Los supuestos televisores ‘plasmas’ que me dabas de un momento a otro. Tu popular: “hacemos lo que quieras bebé.” A veces, pienso y me pregunto: “¿por qué no abrí esa puerta, aquel domingo…? ¿por qué fui tan infantil?, ¿por qué te dejé ir? ¿Por qué no te llamé en la semana…?” no luché por nuestra relación, no luché por recuperarla.
Siempre supe que el día que decidieras irte lo harías sin dar marcha atrás pese a cualquier suplica, pero nunca me imaginé que sería tan rápido. Hoy no recordaré tus defectos porque necesito pensar en lo positivo para sentirme feliz porque actualmente nada es como soñé alguna vez. Mis pasos me han llevado tan lejos de mi pasado y aunque sé que quisiera regresar no lo voy a hacer porque he renunciado al ayer.
Recuerdo los bonitos momentos, hasta las ‘billy’s’ de los sábados por las noches, recuerdo las patinadas frente al mar. Las conversaciones de sueños camino a mi casa por la avenida Colonial. Recuerdo aquel febrero del 2012, que nos pusimos casacas y salimos a pasear por el  malecón porque todo estaba nublado. No podía subir ninguna foto nuestra, es cierto, pero me sentía muy segura a tu lado. Sabía que me querías y que me atendías como una princesa. Aunque parezca mentira extraño hasta tu olor a ‘viejo’. No sé si te extraño a ti, solo sé que extraño que alguien me quiera como tú me quisiste y que cuide como tú lo hiciste.
Cada 28 de cada mes, mi corazón vibrará hasta que tenga algo que cambie esa situación. Me hubiera gustado haberte enterrado antes de querer caminar otra vez, pero no lo hice. Y ahora a escondidas veo vídeos, leo cosas que debí echar a la basura y guardo mis abejas. No creo que te vuelva a ver pronto. Es más no sé si te vuelva a ver otra vez. Solo sé que la persona que yo conocí y que me decía: “ya llegué bebé, perdóname por haber llegado tarde” desapareció y que solo puedo recordarla para sonreír y no sentirme tan sola en ocasiones. Gracias por todas las buenas emociones y los sentimientos que me regalaste. Discúlpame por haberte hecho llorar y haberte desesperado.

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