viernes, 11 de marzo de 2016

Camino elegido

Un día aprendí a no esperar tus llamadas, ni mensajes. Un día me di cuenta que no te necesitaba para ser feliz. Que lo tenía todo para serlo. El resto solo es añadidura, pero no una añadidura necesaria, sino opcional.

Es feo quererte sin que me quieras. Es feo llamarte y que no me respondas o que te rías de mis opciones de vida, o que simplemente seas indiferente a mis planes, incluyéndote.

Tengo dos caminos: seguir contigo (físicamente y mentalmente) o despegarme y seguir avanzando. Creo que ya escogí mi camino y aunque me cueste -al comienzo- porque suelo ser sentimental y a veces jodidamente llorona, sé que pronto pasará. Ya me pasó antes y sabes qué? Pasó.

No tengo miedo a la soledad, no importa si viene por kilos o litros. Solo quiero estar en paz y en un estado equilibrado. Sin la angustia de tus ausencias, ni la angustia de que si me amaras o no.

Hoy por hoy, te digo que de mi boca salen cosas que esa parte de mi cerebro ya no sienten (por más que intenté que siguiera sintiendo). Seguiré usando el Metropolitano, seguiré ahogándome con los olores de la gente de miércoles pero lo haré sola. 

Usaré todos los días esa estación donde alguna vez me prometiste 99 años de felicidad, pero ya no sentiré lo mismo. Es más, algún día, simplemente ya ni lo recordaré.

Y es que es así. Bueno, así soy yo. Cuando amo, lo hago con el alma (hígado, riñón, ojos, nariz, etc) pero cuando dejo de amar, (o me desilusiono) ni Dios lo cambia.




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